Historia de Pedro II (1196-1213)
Uno de los primeros actos de su reinado fue pasar a Roma a coronarse por mano del Papa Inocencio III, ceremonia que tuvo lugar el dÃa 3 de noviembre de 1204, haciendo su reino tributario de
Los reyes de Aragón no se coronaban antes con la pompa y solemnidad que lo hicieron desde Pedro II. Con solo armarse caballeros cuando eran de edad de veinte años, o al tiempo que se casaban, tomaban el tÃtulo de reyes y entraban a entender en el regimiento del reino con consejo y parecer de los ricos hombres de la tierra. El Papa le otorgo el privilegio de que los reyes de Aragón pudiesen en lo sucesivo coronarse en Zaragoza por manos del metropolitano de Tarragona.
De vuelta a Aragón, Don Pedro II, para cubrir los gastos de su viaje a Roma, estableció en todo su reino un nuevo impuesto llamado monedaje, que era un derecho de un tanto para cada moneda. Novedades y tributos que ocasionaron algunos disgustos y algunos disturbios entre el rey y sus súbditos.
En el año de 1212 Don Pedro II tomó parte en la célebre batalla de las Navas.
El año siguiente se fue con sus tropas en auxilio de los condes de Tolosa, de Bearne y de Foix, jefes de los albigenses, que tenÃa muy apurados el jefe de la cruzada católica Simón de Montfort. El 13 de septiembre los aragoneses, en unión con los albigenses, sitiaron Muret, plaza a orillas del Garona, cuando los de Simón de Montfort, aunque en pequeño número, acudieron al socorro de los sitiados, dieron una batalla en que pereció el monarca aragonés con veinte mil de los que le acompañaban.
De su matrimonio con Doña MarÃa, hija y heredera del señor de Montpeller, dejo a Don Jaime, que le sucedió.
El año mismo de su coronación se casó Don Pedro II con Doña MarÃa de Montpeller, hija única del conde Guillermo y de Eudoxia, la hija del emperador Manuel de Constantinopla. Apenas casado, ceso de vivir conyugalmente con ella, y sin recato ninguno se distraÃa con otras damas, allà mismo en Montpeller, donde la reina vivÃa, con desvÃo manifiesto de su legÃtima esposa. Los cónsules y pro-hombres de Montpeller que veÃan con sentimiento y disgusto esta conducta del monarca y la falta de sucesión de la reina su condesa, celosos al propio tiempo de la honra y decoro de su señora, de acuerdo con un rico hombre de Aragón nombrado Guillen de Alcalá, discurrieron emplear una ingeniosa y extraña estratagema para que se realizase la unión, siquiera momentánea, de los dos separados.
El rey creÃa tener a su lado a la dama de quien era servidor. Las iglesias de Montpeller estuvieron abiertas, y todo el pueblo se hallaba en ellas reunido y orando según lo acordado. Al amanecer los notables, los religiosos y todas las damas, cada una con una antorcha en la mano, entraron en la real cámara. El rey saltó de la cama asustado y echó mano a la espada: entonces se arrodillaron todos, y enternecidos exclamaron: “¡Por Dios señor, mirad con quién estáis acostado!” Reconoció el Rey a la reina y le explicaron el plan y objeto de aquel suceso. “Pues que asà es, exclamó el rey, quiera el cielo cumplir vuestros votos” En aquel mismo dÃa montó el rey a caballo y salió de Montpeller. Asà fue concebido el que se llamó más tarde Don Jaime el Conquistador.

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